Misofonia: explicamos qué es la sensibilidad selectiva al sonido

¿Alguna vez has oído hablar de la misofonía?

Es una condición muy rara en la que ciertos sonidos cotidianos desencadenan una reacción física y emocional automática y negativa.

Los sonidos como masticar, tocar y silbar pueden volver loca o molesta a una persona con Misofonia.

Pero en el corazón de Misophonia hay una cosa: lidiar con la ira.

Aquí hay información sobre la misofonía y consejos para sobrellevarla.

¿Qué es la misofonía?

Misofonía significa “odio al sonido”. Se caracteriza por una fuerte respuesta emocional (ira, disgusto o pánico) a ciertos sonidos. Estos sonidos suelen ser ruidos cotidianos, como masticar, hacer clic en el bolígrafo, respirar y lloriquear. Debido a esto, la misofonía a menudo se denomina síndrome de sensibilidad sonora selectiva.

En su ciencia, la misofonía no es un trastorno psicológico y no se deriva de conductas obsesivo-compulsivas. No parece estar relacionado con los trastornos del espectro autista o la esquizofrenia. La misofonía es un reflejo involuntario en el que el sistema nervioso autónomo reacciona a los sonidos comunes como los que la mayoría de la gente ignora o no les importa.

Las personas con misofonía tienen distintos grados de tolerancia a los sonidos desencadenantes, pero todas reaccionan con ira e irritabilidad. Muchos también tienen problemas para concentrarse en actividades normales mientras están expuestos a sonidos desencadenantes.

La gravedad de la misofonía varía mucho de una persona a otra. Algunas personas con misofonía se activan con ciertos sonidos cotidianos que la mayoría de la gente consideraría inofensivos.

Por ejemplo, algunas personas con misofonía pueden ser provocadas por mascar chicle o sorber sopa. Otras personas con misofonía pueden tener desencadenantes más específicos, como el sonido de la respiración por la nariz o incluso solo una palabra en particular (como «eh»).

Sin embargo, la mayoría de las personas con misofonía solo se desencadenan por desencadenantes muy intensos. Muchas veces, estos desencadenantes intensos estarán acompañados de una respuesta física inmediata. Las respuestas físicas comunes a los desencadenantes misofónicos incluyen sudoración, aumento del ritmo cardíaco, malestar estomacal, sofocos o sofocos e incluso desmayos.

La misofonía o sensibilidad selectiva al sonido, es un trastorno neurológico que consiste en la intolerancia a los sonidos cotidianos producidos por el cuerpo de otras personas, como comer, sorber, toser, masticar, o también por sonidos producidos al utilizar ciertos objetos, los cuales pueden desencadenar ansiedad y conductas agresivas en el paciente.

La misofonía se asocia a un trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad y según algunos estudios podría estar causado por experiencias negativas asociadas a sonidos específicos.

El término fue acuñado por los médicos estadounidenses especializados en otorrinolaringología Pawel y Margaret Jastreboff, pero no tiene reconocimiento oficial en las clasificaciones de trastornos psiquiátricos aceptadas internacionalmente: DSM-5 e ICD-10.

Por lo tanto, es importante tener en cuenta que el término misofónico o misofónica es de aparición reciente en la literatura médica, y su uso no está consensuado para calificar a los pacientes que presentan estos síntomas.

¿Es dañino?

La gravedad de la misofonía varía mucho entre los individuos. Las respuestas emocionales pueden incluir rabia, tristeza o sentir una necesidad urgente de escapar del lugar donde se produce el sonido desencadenante.

Para algunos, puede resultar en algunas situaciones incómodas por mes. Para otros, podría resultar en ataques de pánico y pensamientos suicidas todos los días.

Las personas con misofonía a menudo son tratadas como si estuvieran siendo demasiado sensibles o exagerando sus síntomas. Esto puede resultar en frustración e ira para las personas con el trastorno. Se les puede acusar de ser irracionales o demasiado sensibles cuando intentan explicar cómo se sienten acerca de determinados sonidos.

Debido a esta falta de comprensión y adaptación a su condición, las personas con misofonía pueden sentirse aisladas e incomprendidas. También pueden sentirse avergonzados o avergonzados por sus síntomas porque los demás no parecen tomarlos en serio. Esto puede resultar en aislamiento social que puede dañar la salud mental de un individuo con el tiempo.

¿Qué causa la misofonía?

Se desconoce la causa de la misofonía y su prevalencia exacta, pero algunos estudios sugieren que puede afectar a más del 5% de la población.

Los misofónicos informan que su primera experiencia con la misofonía probablemente fue a una edad temprana. En muchos casos, refieren haber tenido problemas importantes durante la infancia y la adolescencia debido a su sensibilidad a determinados sonidos. Estos problemas no fueron correctamente diagnosticados hasta la edad adulta cuando buscaron opciones de tratamiento.

La causa exacta aún no se ha descubierto, pero varias teorías intentan explicar el fenómeno. Una teoría sugiere que el sistema límbico del cerebro se vuelve hiperreactivo cuando se expone a desencadenantes específicos. Esto provoca una respuesta emocional exagerada e involuntaria por parte de quien la padece.

Las imágenes cerebrales han demostrado que las personas con misofonía tienen diferentes patrones de activación en estas áreas en comparación con los sujetos de control normales.

Síntomas de la misofonía

Los síntomas parecen variar de persona a persona, pero los más comunes son:

Repulsión a sonidos específicos

Estos pueden ser sonidos fuertes o suaves y pueden incluir algunos ruidos que podría esperar, como el chasquido de las encías o la respiración agitada. Pero también pueden incluir sonidos inocuos, como el crujido de papel de seda o el crujido de cubitos de hielo.

Es posible que el ruido en sí no moleste a otras personas, incluidos los miembros de la familia, pero te molesta intensamente, incluso si no eres consciente de ello.

Respuesta emocional

No es solo que odies el sonido; te hace sentir enojado o ansioso. Las emociones pueden ser leves al principio, pero pueden volverse más intensas con el tiempo. Por ejemplo, escuchar a alguien masticar o sorber su comida lo irrita o enoja.

Respuesta física

Aquí es donde la misofonía se vuelve rara. No solo odias el sonido y te sientes enojado por él, sino que tu cuerpo también reacciona físicamente a él, tal vez tu ritmo cardíaco aumenta o tu cara se siente caliente (o ambos).

Otros síntomas físicos incluyen sudoración y tensión muscular en respuesta a los sonidos desencadenantes.

Evitación

Se sabe que las personas con misofonía evitan situaciones en las que existe un riesgo elevado de exposición a sonidos específicos.

Problemas para controlar su ira cuando se expone a sonidos desencadenantes

Por ejemplo, es posible que te encuentres gritándole a alguien que está masticando ruidosamente o tratando de evitar a las personas que hacen ciertos ruidos.

Mayor sensibilidad con el tiempo

Tus desencadenantes cambian, por lo que algunos sonidos nuevos te molestan aunque no solían hacerlo. Puede reaccionar haciendo cosas como salir de la habitación cuando alguien hace un sonido determinado o incluso gritarle que deje de hacer ese ruido.

Además de estos síntomas derivados de la misofonía, pueden existir problemas en la escuela o el trabajo debido a la ansiedad por asistir a clases o al trabajo debido a los sonidos desencadenantes.

Los sonidos desencadenantes pueden causar problemas familiares y sociales si una persona en la familia tiene misofonía y los demás no entienden por lo que están pasando. Puede haber problemas con los compañeros de cuarto si una persona tiene misofonía y otras no.

Factores de riesgo de la misofonía

Hay muchos factores de riesgo asociados con el trastorno, pero la mayoría de ellos aún se desconocen o están bajo investigación. Sin embargo, los científicos ya han descubierto factores que pueden causar misofonía, como:

Genética: un estudio encontró que las personas misofónicas a menudo tenían familiares con síntomas similares, lo que sugiere una base genética para la afección. Sin embargo, se necesita más investigación para confirmar esta teoría.

Los eventos traumáticos pueden desencadenar la aparición de síntomas de misofonía. En estos casos, suele estar asociado al trastorno de estrés postraumático (TEPT). Los eventos traumáticos a menudo involucran sonidos como disparos, explosiones u otros ruidos fuertes que provocan una reacción extrema.

Estructura del cerebro: algunos estudios han encontrado que la amígdala (la parte del cerebro que controla las emociones) es más grande en las personas con misofonía que en las que no la padecen.

Discapacidad auditiva: algunos descubrieron que las personas misofónicas tendían a tener una audición más deficiente que los controles, aunque esto puede deberse a una correlación más que a una causalidad.

Otros trastornos físicos o mentales: la misofonía puede ser un síntoma de otro trastorno o afección, como el autismo, el trastorno obsesivo-compulsivo o el trastorno de estrés postraumático.

Factores ambientales: la causa de la misofonía puede ser la exposición a sonidos fuertes a una edad temprana, como el llanto de los niños pequeños o los bostezos de otras personas. Los sonidos fuertes de masticación y respiración también pueden desencadenar reacciones negativas en algunas personas con misofonía.

¿Como es tratado?

Los tratamientos para la misofonía aún están bajo investigación.

Lo único cierto es que la misofonía no es un trastorno psicológico o psiquiátrico. Se puede tratar con varias terapias diferentes.

La investigación muestra que la misofonía tiene una base fisiológica y se puede rastrear hasta el sistema neurológico del cerebro.

Algunos pacientes informan alivio de los síntomas mediante el uso de ciertos tratamientos, como técnicas de relajación, meditación, hipnosis y estrategias de condicionamiento operante.

También existen otros métodos de tratamiento que incluyen:

  • terapias de asesoramiento
  • terapia cognitivo-conductual (TCC)
  • terapia de exposición
  • terapia de integración sensorial
  • y terapia de remediación cognitiva (CRT)

Algunos pacientes encuentran alivio con la medicación, mientras que a otros les pueden ayudar las terapias alternativas, como la acupuntura y la terapia de reentrenamiento del tinnitus (TRT).

También hay grupos de apoyo disponibles para personas con la afección donde pueden conocer a otras personas que sufren problemas similares y compartir sus experiencias.

¿Crees que tienes misofonía?

Puede ser difícil describir los síntomas de la misofonía porque se manifiesta de muchas maneras diferentes para muchas personas diferentes. Con las opciones de tratamiento disponibles, no hay razón para sufrir solo si experimenta esta condición.

La ira y el odio que siente una persona en respuesta al sonido del gatillo es el aspecto más común. Pero también hay otros síntomas, que incluyen ansiedad, reacciones físicas desproporcionadamente fuertes, como latidos cardíacos acelerados o náuseas, y pensamientos negativos sobre el mundo.

Generalmente, este pensamiento suele centrarse en la creencia de que vivimos en un mundo hostil donde los sonidos son demasiado fuertes. La gente es desconsiderada con la forma en que hace ruido.

Es importante tener en cuenta que la misofonía no es una sensibilidad extrema a los sonidos normales, es específicamente una reacción anormalmente negativa a los sonidos.

No necesita preocuparse si nota que se siente enojado cuando alguien cerca está masticando ruidosamente o susurrando su periódico. Pero si estos sentimientos se vuelven más fuertes con el tiempo, vale la pena consultar con su médico.

Mis conslusiones finales son éstas

Con suerte, lo anterior le ha dado una idea de la misofonía. Si experimenta muchas emociones negativas provocadas por los sonidos, es posible que desee consultar con su médico acerca de la misofonía.

Sin embargo, una forma de manejar la misofonía es comenzar con una buena comprensión de sus factores desencadenantes y luego trabajar en formas de lidiar con ellos. Trabaje en distraerse de los sonidos que desencadenan sus emociones negativas cerrando los ojos. Escuchar música tranquila o imágenes, contar, respirar y muchas otras formas.